Historia de Liniers

Va un señor caminando con una señora por una calle repleta de señores y señoras. Todos sonríen con expresión estúpida, tan felices de caminar en compañía de sus pares perfectos, sus complementos ideales provistos por el Ministerio de Salud e Higiene Familiar. El señor del que hablamos es Rumenigue y la señora Hilda Cecilia. Él, un ambicioso hombre de traje y de carrera, dado a los números fluctuantes de la economía internacional, hábil para dirigir sus objetivos hacia los pisos altos de la torre donde funciona la corporación para la que trabaja. Ella, socialmente conocida, íntimamente anónima, vestida de manera impecable, con accesorios sutiles pero impresionantes al ojo del entendido que hacen juego con su elegante peinado, esos que cuestan un platal. Y ahí van, caminado entre señores y señoras tan estúpidamente felices, hasta que suenan los disparos, el humo, la confusión, señoras y señores corriendo para cualquier lado. Todos se empujan, se atropellan, se pisan, se entrechocan. El señor Rumenigue y la señora Hilda Cecilia corren en dirección opuesta al epicentro del alboroto. Allí, otra vez juntos, él ve un posible refugio y señala el bar "Las Alondras".

Ambos entran al bar

Hilda Cecilia se niega y Rumenigue entra de todos modos dejándola sola