Historia de Rosario Bléfari

Nicolás cruzó el patio trasero y llegó al cuarto del fondo como si hubiese recibido una orden, sin detenerse, sin pensar para qué. La mujer lo esperaba o estaba casualmente ahí, pero como si lo esperara lo miró llegar sin sobresaltarse y con una expresión de cierta inquietud naciente mezclada con alivio. El la agarró por las muñecas y la besó. Ella se entregó al beso sin saber cuánto duraría, si sería un largo beso o apenas un reconocimiento de las bocas. Sintió que desde el interior del cuerpo de él ascendía cierta acidez que atribuyó a las largas horas que pasaba sin comer en el trabajo, por voluntad propia, donde prefería saltearse el almuerzo. Cuando el beso se detuvo -por acuerdo mutuo-, ella sacó de una bolsa que tenía en la mano una camisa blanca, limpia pero arrugada y se la ofreció.

El se la puso sobre la remera que tenía puesta y dobló los codos para ver si le quedaba el largo de manga. Estaba bien. Del bolsillo trasero del pantalón sacó un billete de cien.

El miró la prenda sin tocarla y negó con la cabeza. Ella volvió a guardarla en la bolsa y se quedó mirando el piso. Parecía como si fuera a ponerse a llorar, pero de bronca más que nada.