Historia de José Martínez Suárez

La tarde en que el único tren del día se detuvo en Villa Tedeschi , los vagos del pueblo encimados en el banco verde del andén, vieron con asombro bajar del último vagón al Ñato Etchesortu.

No les faltó tiempo para cruzar el playón y meterse en el bar del Hotel Colón para anunciar en voz alta:
- En el tren vino Etchesortu, el Ñato. Bajó recién.
Camilo, el mozo, se puso la servilleta al hombro como hacía cada vez que le daban una noticia inesperada.
Ismael, tras el mostrador, volvió a contar el vuelto que le estaba entregando al escribano Mencía.

Y el resto de vagos del pueblo en la mesa del ventanal, dejaron la partida de dados mirando a los que todavía estaban en la puerta a la espera de la reacción que sabían que iba a causar el dato.
- ¿Traía valija? - dijo el Osvaldo mirando por la ventana hacia el edificio de la estaciòn.
- No. Sin valija, respondió alguien por lo bajo.
- ¿Para dónde agarró? - preguntó Camilo.

El Ñato va para la plaza

El Ñato va para el bar